Este será el último artículo de este diario de viaje digital. Tal como dice la canción: “Esto que estás oyendo, ya no soy yo, es el eco del eco, del eco de un sentimiento”. Si adaptara esta canción a este diario de viaje, sería: “Esto que está leyendo, ya no soy yo…”
Este viaje, que comencé hace más de un año y cuatro meses, ha producido enormes cambios y modos de pensar y ver la vida, en mí.
Es inevitable preguntarse infinidad de veces cuál es el papel o rol que jugamos cada uno de los seres humanos que pisamos esta Tierra. A lo largo de mi vida, escuché hablar en diferentes momentos de la historia latinoamericana, pero muy diferente a eso, es vivirla. Muy diferente, también, es ver que los siglos han pasado y la historia pareciera que no avanza, en muchos rincones de América.
Descubrir que aún resisten infinidad de pueblos originarios, con sus lenguas, con sus costumbres, con su honor y orgullo de ser lo que son, es conmovedor. Un libro muestra que una pequeña población resulta insignificante para las estadísticas, pero habiendo tenido la oportunidad de, aunque sólo sea, haber compartido con ellos algunos días y habiendo comprendido el valor que su presencia representa en el Planeta, ya aquellos datos, cobran un significado completamente diferente. Dejan de ser un número para convertirse en un mundo único que vale la pena resguardar y valorar.
Después de haber compartido con una comunidad afro, de cualquier país latinoamericano, por más pequeña que sea, no es posible decir, que no existe presencia de afrodescendientes en aquél país. ¿Quién pudiera aceptar que niegue, otro, la existencia de uno mismo? ¿Y si en lugar de uno, fuera una comunidad completa? ¿Quién se atreve a negar la existencia? Lo que es y existe, no se puede negar, aún cuando alguien lo pretenda y haga todo para que eso ocurra.
Escribir cada artículo que he publicado, me ha permitido revivir cada instante aventurado. A veces, no ha sido fácil redactar cada momento, por diferentes razones, pero finalmente, he podido llegar hasta aquí. Sentarse a escribir cada artículo, me ha significado más esfuerzo aún del que hubiera imaginado. No, desde el punto de vista físico o de dedicación, sino desde el punto de vista emocional.
Infinidad de momento y experiencias quedarán grabadas en mi memoria y en mi corazón. A cada instante, en cada palabra y en cada situación, hay algún recuerdo implícito de todas las cosas que he experimentado a lo largo de esta, reconfirmada, decisión que tomé en aquel momento.
Entre tantas cosas que pasé, podría decirse que de las más tragicómicas se encuentra el accidente de Potosí (Bolivia), donde por cruzar a comprar fruta, justo antes de ir al Cerro
Rico, me atropelló un auto que retorció mi pierna debajo de su rueda delantera, quedando mi pie, dado vuelta y debajo de dicho neumático. Luego de un poco de dolor y
preocupación, finalmente no pasó nada. La patada al cactus en Tupiza (Bolivia), con el ingreso de una de sus espinas, perforando la uña de mi pie y las tareas de bisturí realizadas por el médico
que me hurgueteó el dedo en el hospital ( Sesión de acupuntura. ). Una patinada sobre el
musgo de unas rocas en San Gil (Colombia) que permitieron que mi cuerpo se desplomara sobre la roca, golpeando duramente mi rodilla contra ella y detrás desplomada rebotó mi cara contra la roca,
pudiendo determinar la dureza de la misa.
El robo de Cariari (Costa Rica), en el que a Clemente y a mí nos apuntaron con un arma, donde más tarde, al cambiar de hospedaje, el dueño del nuevo lugar, nos ofrecía intentar recuperar las
cosas con sus amistades que estaban involucradas en la delincuencia local ( La mochila NO se fue a dar una vuelta. ).
Por otro lado, la infinidad de caminatas, senderos, fogones, comidas, colectivos, hospedajes y encuentros, matizaron el viaje, infinitamente.
Cada lugar tenía su color, sabor y olor. Todos tenían sus características y particularidades que hacían que ese lugar se convirtiera en único.
Hubo muchos momentos que marcaron mi viaje a lo largo de todo este tiempo. Entre las cosas que más lo hicieron se encuentran: La yerra en Tafí del Valle (Argentina) junto a
Kristina ( Rumbo a Tafí... ).
Aquel pequeño pueblo de San Isidro, en Salta (Argentina), sin luz, pero con toda la instalación eléctrica preparada para ello, donde seguramente la llegada de la luz, podrá traer muchos
beneficios, pero tendrá consecuencias desintegradoras desde el punto de vista social ( No se
hizo la luz. ).
Las momias del Lullainllaco en Salta (Argentina), me paralizaron. Fue algo que jamás pensé que podría ver. El estado de conservación que tienen esas momias, impacta ( Salta, la linda. ).
El Cerro de los siete colores, en Humahuaca (Argentina) ( Son 7 los colores. ) y el Cerro del Hornocal, cerca de Humahuaca (Argentina) ( La vaca estudiosa. ), me dejaron inmóvil contemplándolos a ambos durante largos períodos de tiempo.
La infinidad de aventuras compartidas con Nico, por Bolivia ( Otro Valle de la
Luna. ), junto a Yannick, también ( Caminata de Taquesi. ) y Chile, con Juantxo y Ana (
Del otro lado de la cordillera de los Andes. ), fueron una parte del viaje más que divertido.
La experiencia compartida con aquellos médicos cubanos en La Higuera (Bolivia)( La Higuera del Che...Cambio de planes. ), preparando los festejos para conmemorar el aniversario de nacimiento del Che Guevara, marcó una profunda huella en mi vida ( ¡Hasta Siempre Comandante! ).
La experiencia del Solsticio de Invierno en la Isla del Sol en Copacabana (Bolivia) fue posible gracias al permiso por parte de los pobladores locales de posibilitarnos participar de una ceremonia maravillosa junto a ellos ( Isla del Sol: Solsticio de invierno. ).
Mis vivencias en Incawasi en Cajamarca (Perú), gracias a la colaboración de Mayte, me permitió alimentar el alma, con una profunda experiencia humana, con muchos chicos con infinidad de problemas, que encontraban en ese lugar, un refugio de humanidad ( Incawasi ).
La llegada a Machu Picchu (Perú), con la bandada de gallegos, con los que compartí aquella aventura ( Machu Picchu: un pie en tierra Inca. ) y varios días después, la caminata hacia Choquequirao, con Delfina y Lorenzo fueron dos experiencias que disfruté y viví intensamente ( Choquequirao: Arruinado. ).
Fidel y su familia, aquella familia Cofán, con los que compartí varios días en Dureno (Ecuador), fue una de las experiencias más fuertes que tuve en el viaje. Teniendo ellos y yo, culturas completamente distintas, fue interesante conversar y aprender de los diferentes hábitos y costumbres que teníamos ( Una dulce experiencia en Lago Agrio. ).
Mi llegada a Quiroga (Ecuador), con Alex, fue un momento mágico y ensoñador. Era entrar a Quiroga, pero esta vez, nada de lo que veía allí me resultaba familiar, ni conocido ( De nuevo en Quiroga. ).
La historia de Miguel y los días con Andrea, en Medellín (Colombia), marcaron un punto de inflexión en mi viaje ( La historia de Miguel. ).
El Cruce del Canal de Panamá (Panamá), nuevamente, con Delfina y Lorenzo y el compartir con ellos mi cumpleaños, fue un momento maravilloso de mi viaje ( Cruce del Canal de Panamá: Misión cumplida. Sueño cumplido. ). Cumpliendo sueños, al cruzar el Canal y cumpliendo años ( ¡Un cumpleaños feliz! ). Demasiada alegría en poco tiempo.
La experiencia con Alicia, la mujer Kogui, que asistimos cuando fue picada por una serpiente, mientras nosotros realizábamos aquella caminata rumbo a Ciudad Perdida (Colombia) fue otro de los puntos de inflexión que tuvo mi viaje y estuvo entre las cosas más movilizante que me pasaron a lo largo de todo el viaje ( ¡Una brújula, por favor! Vamos a Ciudad Perdida. ).
Mis días en San Basilio de Palenque (Colombia) se convirtió en el encuentro de un pueblo maravilloso y digno, orgulloso de ser lo que son, y representó, para mí, otra de las grandes experiencias que tuve a lo largo de este sendero ( Y en el Palenque número 1… ).
El Equinoccio de primavera en Teotihuacan (México), en que los juegos de energías, por primera vez en mi vida, me dejaron sin palabras para poder expresar la sensación de lo vivido ( Equinoccio de primavera en Teotihuacán. ).
Mis días con Bárbara y David, en una finca en el Río Dulce (Guatemala), donde entre risas y extensas charlas compartimos nuestros días, maravillosamente ( Endulzado en Río Dulce. ).
La pregunta de Alberto, aquel hombre que cultivaba su huerta, en el Lago Atitlán (Guatemala), fue muy fuerte. Fue la única persona, a lo largo de todo mi viaje, que se detuvo, por un instante, a preguntarme si era feliz ( El Lago Atitlán cautiva. ).
Mis días con Barbarita, Albertico y Arielys en La Habana (Cuba) representaron una experiencia extremadamente intensa y humana, convirtiéndose en otro de los puntos fuertes y movilizantes de mi viaje ( Ahora, también, tengo familia cubana. ) .
Y los dos encuentros con parte de mi familia, fueron momentos vividos, emocionalmente, muy fuertes. El encuentro en Santa Marta (Colombia) con el Tío Osvaldo y la Tía Delia, primero ( ¿De dónde nos conocemos? ). Y el encuentro con el Tío Carlos y Mamá, en el D.F. (México), después ( Reencuentro en el D.F. ).
El viaje, me ha permitido explorar un mundo completamente desconocido para mí, tanto exterior como interior.
El viaje, llegó a su fin, pero las ansias de seguir descubriendo diferentes rincones del mundo, jamás desaparecerán. Cuando se comienza, uno se da cuenta que nada está tan lejos como uno imaginaba. Todo es accesible y posible de hacer, siempre que uno pretenda hacerlo y se lo proponga.
Este viaje, ha sido un “concentrado de vida” durante más de un año. Todo lo que uno normalmente experimenta durante, quizás un período largo de tiempo, en este viaje, se multiplica a cada instante. Todo sucede más veces y más intensamente, porque los sentidos están más susceptibles.
Si alguna vez, alguien, de las tantas personas que me han acompañado a lo largo de este viaje virtual, tiene la oportunidad de encontrar algún viajero, sobre todo un mochilero, no duden en ayudarlo, pero lo más importante y con lo cual, lo harán sentir muy bien es con sólo decirle: “Bienvenido”. En infinidad de oportunidad, diferentes personas, con las que sólo compartí escasos instantes, me pagaron un boleto de colectivo, me regalaron algo para comer, no me cobraron alguna cosa y representaron para mí gestos maravillosos y gigantes. Pero cuando alguien se detuvo un instante a mirarme a los ojos y decirme sólo “¡Bienvenido!”se convirtió en momentos infinitamente superiores e inolvidables de mi viaje.
La puerta de entrada de Argentina, sobre todo cuando se llega desde afuera por aire, es generalmente Buenos Aires.
Después de pasar un tiempo en la capital argentina, donde disfruté de infinidad de reencuentros, situaciones y festejos, prolongué un poco más mi viaje. Mis días en Buenos Aires, se prolongaron un poco.
Luego, volví a la tierra en la que había crecido. Llegué a Quiroga y esta vez en Argentina, que era esa tierra donde uno pisa firme en cada paso que da. En el lugar donde no hace falta mirar para dar un paso, porque el entorno creció junto a mí.
Alimenté mi espíritu con
atardeceres, con campo, con calles de tierra, con paisajes que me acariciaban el alma. Esos que me vienen saludando desde la infancia. Esos que, de algún modo, y por más que pueda estar en
cualquier otro rincón del Planeta, me pertenecen. Esos a los que, dicen, les llaman raíces. Esos.
Un cartel, me esperaba a la llegada, en Quiroga, en la puerta de mi casa, dándome la bienvenida de aquel recorrido extenso e intenso.
Los paisajes, los cielos, los árboles, eran los míos. Eran aquellos en los que había demorado o descansado mi mirada en infinidad de ocasiones.
El camino siempre está
presente y lo vamos andando mientras lo caminamos, mientras vivimos. La vida sigue, el viaje terminó.
Gracias a tod@s los que compartieron conmigo este viaje. A los que lo hicieron desde el alma; a los que leyeron el blog; a los que jugaron a viajar, caminar, escalar, saltar de un puente, andar en bicicleta conmigo, aún sentados en un silla; a los que me escribieron comentarios o me mandaron un correo electrónico para saber de mí a lo largo de este tiempo; a los que me buscaron para vernos al regreso; a los que me quieren; a los que quiero.
Y…
Damián
Los motivos de la celebración, era el cumplimiento de 200 años desde que, en la Revolución de
Mayo de 1810, se destituye al Virrey Cisneros, y a continuación se crea una Junta de gobierno, que se convierte en el Primer gobierno Patrio de la Argentina, con representantes del pueblo de
Buenos Aires. Gran parte del territorio, adhirió inicialmente a la Revolución del 25 de mayo de 1810, conformando las Provincias Unidas del Río de la Plata.
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