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Thursday 16 december 2010 4 16 /12 /Dic /2010 22:03
Tema musical: Eco - Jorge Drexler.

 

Este será el último artículo de este diario de viaje digital. Tal como dice la canción: “Esto que estás oyendo, ya no soy yo, es el eco del eco, del  eco de un sentimiento”. Si adaptara esta canción a este diario de viaje, sería: “Esto que está leyendo, ya no soy yo…”

Este viaje, que comencé hace más de un año y cuatro meses, ha producido enormes cambios y modos de pensar y ver la vida, en mí.

Es inevitable preguntarse infinidad de veces cuál es el papel o rol que jugamos cada uno de los seres humanos que pisamos esta Tierra. A lo largo de mi vida, escuché hablar en diferentes momentos de la historia latinoamericana, pero muy diferente a eso, es vivirla. Muy diferente, también, es ver que los siglos han pasado y la historia pareciera que no avanza, en muchos rincones de América.

Descubrir que aún resisten infinidad de pueblos originarios, con sus lenguas, con sus costumbres, con su honor y orgullo de ser lo que son, es conmovedor. Un libro muestra que una pequeña población resulta insignificante para las estadísticas, pero habiendo tenido la oportunidad de, aunque sólo sea, haber compartido con ellos algunos días y habiendo comprendido el valor que su presencia representa en el Planeta, ya aquellos datos, cobran un significado completamente diferente. Dejan de ser un número para convertirse en un mundo único que vale la pena resguardar y valorar.

Después de haber compartido con una comunidad afro, de cualquier país latinoamericano, por más pequeña que sea, no es posible decir, que no existe presencia de afrodescendientes en aquél país. ¿Quién pudiera aceptar que niegue, otro, la existencia de uno mismo? ¿Y si en lugar de uno, fuera una comunidad completa? ¿Quién se atreve a negar la existencia? Lo que es y existe, no se puede negar, aún cuando alguien lo pretenda y haga todo para que eso ocurra.

Escribir cada artículo que he publicado, me ha permitido revivir cada instante aventurado. A veces, no ha sido fácil redactar cada momento, por diferentes razones, pero finalmente, he podido llegar hasta aquí. Sentarse a escribir cada artículo, me ha significado más esfuerzo aún del que hubiera imaginado. No, desde el punto de vista físico o de dedicación, sino desde el punto de vista emocional.

Infinidad de momento y experiencias quedarán grabadas en mi memoria y en mi corazón. A cada instante, en cada palabra y en cada situación, hay algún recuerdo implícito de todas las cosas que he experimentado a lo largo de esta, reconfirmada, decisión que tomé en aquel momento.

Entre tantas cosas que pasé, podría decirse que de las más tragicómicas se encuentra el accidente de Potosí (Bolivia), donde por cruzar a comprar fruta, justo antes de ir al Cerro Rico, me atropelló un auto que retorció mi pierna debajo de su rueda delantera, quedando mi pie, dado vuelta y debajo de dicho neumático.  Luego de un poco de dolor y preocupación, finalmente no pasó nada. La patada al cactus en Tupiza (Bolivia), con el ingreso de una de sus espinas, perforando la uña de mi pie y las tareas de bisturí realizadas por el médico que me hurgueteó el dedo en el hospital ( Sesión de acupuntura. ). Una patinada sobre el musgo de unas rocas en San Gil (Colombia) que permitieron que mi cuerpo se desplomara sobre la roca, golpeando duramente mi rodilla contra ella y detrás desplomada rebotó mi cara contra la roca, pudiendo determinar la dureza de la misa.
El robo de Cariari (Costa Rica), en el que a Clemente y a mí nos apuntaron con un arma, donde más tarde, al cambiar de hospedaje, el dueño del nuevo lugar, nos ofrecía intentar recuperar las cosas con sus amistades que estaban involucradas en la delincuencia local ( La mochila NO se fue a dar una vuelta. ).

Por otro lado, la infinidad de caminatas, senderos, fogones, comidas, colectivos, hospedajes y encuentros, matizaron el viaje, infinitamente.
Cada lugar tenía su color, sabor y olor. Todos tenían sus características y particularidades que hacían que ese lugar se convirtiera en único.

Hubo muchos momentos que marcaron mi viaje a lo largo de todo este tiempo. Entre las cosas que más lo hicieron se encuentran: La yerra en Tafí del Valle (Argentina) junto a Kristina ( Rumbo a Tafí... ).
Aquel pequeño pueblo de San Isidro, en Salta (Argentina), sin luz, pero con toda la instalación eléctrica preparada para ello, donde seguramente la llegada de la luz, podrá traer muchos beneficios, pero tendrá consecuencias desintegradoras desde el punto de vista social ( No se hizo la luz. ).

Las momias del Lullainllaco en Salta (Argentina), me paralizaron. Fue algo que jamás pensé que podría ver. El estado de conservación que tienen esas momias, impacta ( Salta, la linda. ).

El Cerro de los siete colores, en Humahuaca (Argentina) ( Son 7 los colores. ) y el Cerro del Hornocal, cerca de Humahuaca (Argentina) ( La vaca estudiosa. ), me dejaron inmóvil contemplándolos a ambos durante largos períodos de tiempo.

La infinidad de aventuras compartidas con Nico, por Bolivia ( Otro Valle de la Luna. ), junto a Yannick, también ( Caminata de Taquesi. ) y Chile, con Juantxo y Ana ( Del otro lado de la cordillera de los Andes. ), fueron una parte del viaje más que divertido.

La experiencia compartida con aquellos médicos cubanos en La Higuera (Bolivia)( La Higuera del Che...Cambio de planes. ), preparando los festejos para conmemorar el aniversario de nacimiento del Che Guevara, marcó una profunda huella en mi vida ( ¡Hasta Siempre Comandante! ).

La experiencia del Solsticio de Invierno en la Isla del Sol en Copacabana (Bolivia) fue posible gracias al permiso por parte de los pobladores locales de posibilitarnos participar de una ceremonia maravillosa junto a ellos ( Isla del Sol: Solsticio de invierno. ).

Mis vivencias en Incawasi en Cajamarca (Perú), gracias a la colaboración de Mayte, me permitió alimentar el alma, con una profunda experiencia humana, con muchos chicos con infinidad de problemas, que encontraban en ese lugar, un refugio de humanidad ( Incawasi ).

La llegada a Machu Picchu (Perú), con la bandada de gallegos, con los que compartí aquella aventura ( Machu Picchu: un pie en tierra Inca. ) y varios días después, la caminata hacia Choquequirao, con Delfina y Lorenzo fueron dos experiencias que disfruté y viví intensamente ( Choquequirao: Arruinado. ).

Fidel y su familia, aquella familia Cofán, con los que compartí varios días en Dureno (Ecuador), fue una de las experiencias más fuertes que tuve en el viaje. Teniendo ellos y yo, culturas completamente distintas, fue interesante conversar y aprender de los diferentes hábitos y costumbres que teníamos ( Una dulce experiencia en Lago Agrio. ).

Mi llegada a Quiroga (Ecuador), con Alex, fue un momento mágico y ensoñador. Era entrar a Quiroga, pero esta vez, nada de lo que veía allí me resultaba familiar, ni conocido ( De nuevo en Quiroga. ).

La historia de Miguel y los días con Andrea, en Medellín (Colombia), marcaron un punto de inflexión en mi viaje ( La historia de Miguel. ).

El Cruce del Canal de Panamá (Panamá), nuevamente, con Delfina y Lorenzo y el compartir con ellos mi cumpleaños, fue un momento maravilloso de mi viaje ( Cruce del Canal de Panamá: Misión cumplida. Sueño cumplido. ). Cumpliendo sueños, al cruzar el Canal y cumpliendo años ( ¡Un cumpleaños feliz! ). Demasiada alegría en poco tiempo.

La experiencia con Alicia, la mujer Kogui, que asistimos cuando fue picada por una serpiente, mientras nosotros realizábamos aquella caminata rumbo a Ciudad Perdida (Colombia) fue otro de los puntos de inflexión que tuvo mi viaje y estuvo entre las cosas más movilizante que me pasaron a lo largo de todo el viaje ( ¡Una brújula, por favor! Vamos a Ciudad Perdida. ).

Mis días en San Basilio de Palenque (Colombia) se convirtió en el encuentro de un pueblo maravilloso y digno, orgulloso de ser lo que son, y representó, para mí, otra de las grandes experiencias que tuve a lo largo de este sendero ( Y en el Palenque número 1… ).

El Equinoccio de primavera en Teotihuacan (México), en que los juegos de energías, por primera vez en mi vida, me dejaron sin palabras para poder expresar la sensación de lo vivido ( Equinoccio de primavera en Teotihuacán. ).

Mis días con Bárbara y David, en una finca en el Río Dulce (Guatemala), donde entre risas y extensas charlas compartimos nuestros días, maravillosamente ( Endulzado en Río Dulce. ).

La pregunta de Alberto, aquel hombre que cultivaba su huerta, en el Lago Atitlán (Guatemala), fue muy fuerte. Fue la única persona, a lo largo de todo mi viaje, que se detuvo, por un instante, a preguntarme si era feliz ( El Lago Atitlán cautiva. ).

Mis días con Barbarita, Albertico y Arielys en La Habana (Cuba) representaron una experiencia extremadamente intensa y humana, convirtiéndose en otro de los puntos fuertes y movilizantes de mi viaje ( Ahora, también, tengo familia cubana. ) .

Y los dos encuentros con parte de mi familia, fueron momentos vividos, emocionalmente, muy fuertes. El encuentro en Santa Marta (Colombia) con el Tío Osvaldo y la Tía Delia, primero ( ¿De dónde nos conocemos? ). Y el encuentro con el Tío Carlos y Mamá, en el D.F. (México), después ( Reencuentro en el D.F. ).

El viaje, me ha permitido explorar un mundo completamente desconocido para mí, tanto exterior como interior.

El viaje, llegó a su fin, pero las ansias de seguir descubriendo diferentes rincones del mundo, jamás desaparecerán. Cuando se comienza, uno se da cuenta que nada está tan lejos como uno imaginaba. Todo es accesible y posible de hacer, siempre que uno pretenda hacerlo y se lo proponga.

Este viaje, ha sido un “concentrado de vida” durante más de un año. Todo lo que uno normalmente experimenta durante, quizás un período largo de tiempo, en este viaje, se multiplica a cada instante. Todo sucede más veces y más intensamente, porque los sentidos están más susceptibles.

Si alguna vez, alguien, de las tantas personas que me han acompañado a lo largo de este viaje virtual, tiene la oportunidad de encontrar algún viajero, sobre todo un mochilero, no duden en ayudarlo, pero lo más importante y con lo cual, lo harán sentir muy bien es con sólo decirle: “Bienvenido”. En infinidad de oportunidad, diferentes personas, con las que sólo compartí escasos instantes, me pagaron un boleto de colectivo, me regalaron algo para comer, no me cobraron alguna cosa y representaron para mí gestos maravillosos y gigantes. Pero cuando alguien se detuvo un instante a mirarme a los ojos y decirme sólo “¡Bienvenido!”se convirtió en momentos infinitamente superiores e inolvidables de mi viaje.

La puerta de entrada de Argentina, sobre todo cuando se llega desde afuera por aire, es generalmente Buenos Aires.

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Después de pasar un tiempo en la capital argentina, donde disfruté de infinidad de reencuentros, situaciones y festejos, prolongué un poco más mi viaje. Mis días en Buenos Aires, se prolongaron un poco.

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Luego, volví a la tierra en la que había crecido. Llegué a Quiroga y esta vez en Argentina, que era esa tierra donde uno pisa firme en cada paso que da. En el lugar donde no hace falta mirar para dar un paso, porque el entorno creció junto a mí.

DSC00096 (Custom)Alimenté mi espíritu con atardeceres, con campo, con calles de tierra, con paisajes que me acariciaban el alma. Esos que me vienen saludando desde la infancia. Esos que, de algún modo, y por más que pueda estar en cualquier otro rincón del Planeta, me pertenecen. Esos a los que, dicen, les llaman raíces. Esos.

DSC00514 (Custom)DSC00531 (Custom)DSC00544 (Custom)DSC09265 (Custom)DSC09244 (Custom)DSC09301 (Custom)DSC00555 (Custom)DSC09106 (Custom)

Un cartel, me esperaba a la llegada, en Quiroga, en la puerta de mi casa, dándome la bienvenida de aquel recorrido extenso e intenso.DSC08949 (Custom)

Los paisajes, los cielos, los árboles, eran los míos. Eran aquellos en los que había demorado o descansado mi mirada en infinidad de ocasiones.

DSC09635 (Custom)DSC09761 (Custom)El camino siempre está presente y lo vamos andando mientras lo caminamos, mientras vivimos. La vida sigue, el viaje terminó.

Gracias a tod@s los que compartieron conmigo este viaje. A los que lo hicieron desde el alma; a los que leyeron el blog; a los que jugaron a viajar, caminar, escalar, saltar de un puente, andar en bicicleta conmigo, aún sentados en un silla; a los que me escribieron comentarios o me mandaron un correo electrónico para saber de mí a lo largo de este tiempo; a los que me buscaron para vernos al regreso; a los que me quieren; a los que quiero.

Y…

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Damián

 

Por Damian
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Wednesday 15 december 2010 3 15 /12 /Dic /2010 05:23

Tema musical: La argentinidad al palo - Bersuit Vergarabat.

Había decidido regresar a Argentina, justamente en esta fecha, para poder estar presenten en el Bicentenario de mi país, ya que había estado en diferentes eventos y celebraciones de otros países y deseaba poder estar en el de Argentina, también.

Mágicamente, las calles de Buenos Aires estaban desiertas. Claro que de autos, porque de gente estaba atestada. No había espacio para nadie, ni para nada más.

bicentenario-argentino200 (Custom)Los motivos de la celebración, era el cumplimiento de 200 años desde que, en la Revolución de Mayo de 1810, se destituye al Virrey Cisneros, y a continuación se crea una Junta de gobierno, que se convierte en el Primer gobierno Patrio de la Argentina, con representantes del pueblo de Buenos Aires. Gran parte del territorio, adhirió inicialmente a la Revolución del 25 de mayo de 1810, conformando las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Al segundo día de mí llegada, salimos a recorrer, con Diana y Florentino, las calles porteñas y nos llegamos hasta el Obelisco, símbolo emblemático de la ciudad.DSC08537 (Custom) Allí, la bandera argentina flameaba en infinidad de manos. Reafirmé que era un buen momento para volver a la Argentina.

DSC08679 (Custom)Pisar nuevamente el suelo de mi tierra, me estaba haciendo bien y encontrar la capital vestida de celeste y blanco por cada rincón, le sentaba muy bien. Caminamos por Diagonal Norte hasta la Plaza de Mayo. En el camino, nos cruzamos con infinidad de personas, pero entre el tumulto de gente con la que nos cruzamos, se encontraba una persona muy conocida. Era la Tía Stella. Le grité una frase, que ella fácilmente reconocería quién la estaba pronunciando, mientras seguía caminando a su lado, pero en dirección contraria. Sólo Diana o yo, podíamos decirle esa frase y era, justamente, esta la intención, de modo tal que pueda descubrir de quién provenía, antes de girar su cara hacia nosotros. DSC08570 (Custom)La sorpresa fue infinita y nos abrazamos al reencontrarnos en aquel multitudinario espacio. Conversamos y nos reímos mucho. Aún no nos habíamos visto, desde mi llegada, ya que habían pasado sólo dos días y con Florentino no se conocían, todavía. Definitivamente fue una señal este encuentro, ya que poco tiempo después tuvimos una muy triste noticia. ( Un día muy triste... )

En aquel momento, no sospechábamos que algo así podía pasar y seguimos caminando rumbo a la Plaza de Mayo.

La Casa Rosada nos estaba esperando allí, como siempre, pero esta vez lucía radiante. Cada rincón de la ciudad, se mostraba muy argentino y eso me hacía muy bien.

DSC08623 (Custom)Entrar a un kiosco, me permitió volver a recordar lo que hacía tiempo no experimentaba. No sabía qué comprar. La infinidad de caramelos, alfajores, dulces y golosinas, me impedían llevar un ejemplar de cada uno. Nunca antes me había detenido a contar la variedad de alfajores que existen. Llegué a contar más de 35. Volvía a ver a mi país con otros ojos. DSC08634 (Custom)Todo lo que hasta hacía un tiempo, antes de comenzar el viaje, había pasado inadvertido a mi lado, ahora tenía otro significado y, también, otro valor. Sólo quien no tiene ciertas cosas por un determinado período de tiempo, puede darle la importancia que tiene eso. La ausencia, permite valorar mucho más profundamente, la presencia.

Esa misma noche fue la reinauguración del Teatro Colón.DSC08659 (Custom) Aquel tradicional sitio de la ópera y el ballet, se reinauguraba después de más de dos años de restauración y lo hacía con una obra de luces y sonidos proyectada sobre la fachada principal del teatro. Un espectáculo maravilloso, por fuera y una noche de gala, por dentro. La entonación del Himno Argentino por todos los presentes en las calles alrededor del Teatro, me puso la piel de gallina.

DSC08719 (Custom)Nos encontramos con Emilia, una amiga de toda la vida, de esas amistades en que uno ni siquiera recuerda en qué momento empezamos a ser amigos. Con ella compartimos el fin del día 24, y la entonación del Himno Nacional Argentino, para comenzar, en medio de la Avenida más ancha del mundo, la Av. 9 de Julio, el día 25.

DSC08665 (Custom)Una voz particular, entonaba el himno detrás de nosotros. Giré mi cabeza y descubrí que valía la pena enfocarlo a él. Un pequeño niño, entonaba, fervorosamente, sus estrofas y balanceaba de un lado a otro, una bandera argentina. Sus manos manifestaban el entusiasmo que tenía en la entonación de la canción patria.

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Por la tarde del 25, salí a recorrer las calles de la ciudad. La oferta de banderas argentinas, tenía diferentes estrategias de comercialización. DSC08695 (Custom)Cada uno intentaba llamar la atención de diferentes modos.

DSC08711 (Custom)Alrededor de tres millones de personas, recorrían para un lado y otro las calles de la ciudad. DSC08708 (Custom)Cada uno iba visitando y recorriendo sus rincones, intentando descubrir todo que se había preparado para la ocasión. Esta cantidad de personas, lo convirtió en el acontecimiento patrio con mayor audiencia, al entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino, en la Av. 9 de Julio.

El sol fue desapareciendo y se esperaba el festejo central. No faltó nada. Un recuento de la historia argentina, pasó en diferentes carrozas por delante de todas las personas que nos encontrábamos en la calle. Fue increíble.

DSC08744 (Custom)Cada una de las manifestaciones que se presentaban, representaban diferentes momentos de la historia de mi país. La Guerra de Malvinas, que estremeció a todo los presentes y Las Abuelas de Plaza de Mayo, en conjunto con la quema simbólica de una gigante Constitución Nacional metálica, representando los años de la última dictadura militar, se encontraron entre los momentos que más movilizaron a las personas que reaccionaron en aplausos sentidos, en apoyo a los reclamos que aún persisten en ambas causas.DSC08752 (Custom) El desfile estuvo a cargo de los artistas de Fuerza Bruta, que con una longitud de unos 5 kilómetros de largo, iban repitiendo cada una de las escenas cada quince minutos.

En el Cabildo, se proyectó un resumen de la historia de la Argentina y allí también estuve para verlo. Se estableció un espectáculo de luces y sonidos maravilloso sobre la fachada de aquel histórico edificio. El cierre de todos los festejos se realizó con un espectáculo de fuegos artificiales impresionante.DSC08763 (Custom)

 


Como resultado de los festejos del Bicentenario, se cocinó el locro más grande del mundo en el que comieron más de diez mil comensales, se confeccionó y desfiló, con la bandera más larga del mundo, con una longitud aproximada de 2 kilómetros de largo.

info@lanoticiasur.com.ar 3956 tapa 2652010 73255 (Custom) (Esta foto fue tomada del siguiente enlace)

Y también, la proyección 3D que se utilizó en el Teatro Colón fue la de mayor duración, en un espectáculo de estas características. Hubo impresión de monedas especiales, conmemorativas de esta fecha, con motivos de diferentes sitios representativos de mi país.

monedas bicentenario argentina (Custom) (Esta foto fue tomada del siguiente enlace)

Una sobredosis de argentinidad, me hacía muy bien luego de haber estado ausente de mi tierra, por tanto tiempo. Me sentía extraño en mi propio país, pero tenía un agradable sabor esta sensación. Podía apreciar todo desde otra óptica y observar mayores detalles de los comportamientos sociales y de todo el paisaje que me rodeaba.

La Argentina cumplía 200 años de liberación de la corona española y había podido estar presente, para tan importante festejo.

Por Damian
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Tuesday 14 december 2010 2 14 /12 /Dic /2010 03:27

Eran un poco más de las 8 de la mañana, cuando el avión comenzó a moverse en dirección a la pista. La mixtura de sensaciones, era profunda. Tan, que me aferraba aún más al asiento del avión. Sentado en el último asiento iba, cuando vi al avión imposibilitado de impedir manifestar sus sentimientos. Una lágrima, también, caía por sus párpados. No me atreví a preguntarle qué le pasaba. Preferí respetar su privacidad.

DSC08354 (Custom)Para mí, este vuelo, representaba el cierre de un viaje y de un momento importante de mi vida. Era, también, la despedida de una familia, con la que había compartido y vivido durante mis días en La Habana y en Cuba. Era un mundo de reflexiones en mi cabeza. Era todo y nada a la vez. Desde el punto de vista material, lo único que tenía conmigo era mi cámara de fotos. El resto del equipaje estaba guardado en sus respectivos compartimentos. Desde el punto de vista humano, personal y espiritual, todo lo que tenía, nadie podía verlo. Eran sensaciones, sentimientos, recuerdos, emociones, lágrimas, miedo, apuro, disfrute, amistad, angustia, risas, alegrías, carcajadas. Era todo eso que había vivido a lo largo del viaje. Tal como si esa cámara, que tenía en mis manos, hubiera ingresado en mi cabeza, rememorando imágenes de los momentos más representativos de mi viaje, iban apareciendo las mejores tomas que habían quedado grabadas en mi corazón y en mis recuerdos. Todo eso era invisible para el resto de los pasajeros. Del mismo modo que eran invisibles los motivos de aquella lágrima del avión.

DSC08350 (Custom)Y casi sin darme cuenta, descubrí que los motores comenzaban a acelerarse. La soberbia de los pilotos, impidió que se detuvieran, por un instante, a consultar si alguno de los pasajeros estaba convencido de continuar ese viaje. No hubo preguntas al respecto y el movimiento comenzó. El avión, obedeciendo los caprichos de los pilotos, desconectó sus neumáticos del Planeta, y comenzó a aventurarse por los aires. A nosotros no nos quedó más opción que acompañar su movimiento. Cada uno de los pasajeros que compartíamos el viaje en aquel avión, estábamos viviendo sensaciones completamente diferentes. Las mías eran, verdaderamente, muy fuertes.

Las nubes se encargaron de evitar que vuelva a mirar, una vez más, aquel suelo cubano que tanto tiempo había pisado.

DSC08360 (Custom)Entre reflexiones, pensamientos y un poco de somnolencia, se me pasaron las dos horas que me separaban del próximo aterrizaje. Llegué por tercera vez, en este viaje, a la Ciudad de Panamá, pero esta vez, sólo permanecería en el aeropuerto. No era mucho el tiempo de espera que tenía allí, pero la mezcla de sensaciones, hacía que tuviera intensas ansias de llegar. Por momentos, mi corazón se aceleraba pensando que era el fin de mi viaje. Por momentos, deseaba acortar las horas de vuelo que me restaban para llegar a la Argentina. Por momentos, quería tomar un avión con destino a cualquier otro lugar.

DSC08367 (Custom)Llegó el momento de la partida y subí al último avión que me llevaría de regreso a mi tierra natal.

Tampoco, esta vez, los pilotos consultaron a los pasajeros. Sin más palabras, que las indicaciones de costumbre, el avión se fue moviendo hacia la pista. En breve, los motores comenzaron a acelerarse y la pista comenzó a desplazarse  en dirección opuesta al avión.

DSC08370 (Custom)Una vez más estaba en el aire, y ahora no habría más escalas, hasta pisar suelo argentino. Desde el cielo pude disfrutar de la ciudad de Panamá y eso fue suficiente para saber que ya no había más que agua debajo, allá en la Tierra.

DSC08375 (Custom)Unas tres horas más tardes, sin poder determinar, exactamente, por los cielos de que país sudamericano estábamos volando, los meandros de un río, del que desde el cielo era imposible leer el cartel que suele delatar su nombre, se presentó para quedar impreso en mi memoria y en mi cámara, como parte del viaje de regreso.

DSC08386 (Custom)Y ya, poco más de una hora más tarde, el sol declaró que había hecho suficiente por aquel día y se fue a dormir. El resto del viaje se convirtió en un misterio. Sólo algunas luces agrupadas organizadamente dibujaban, allá abajo, paralelas y perpendiculares.

DSC08392 (Custom)Dos horas más pasaron, hasta que comenzaron a verse las luces de Buenos Aires.  La mezcla de sensaciones volvió a aparecer y la ansiedad por bajar del avión era infinita.

BuenosAires 2 (Custom)No sabía quién me esperaba, pero sabía que alguien estaría allí, aguardando por mí.

Cargué el equipaje en un carro y comencé a caminar. Desorientado y aturdido, fui siguiendo a otros pasajeros que, suponía, se dirigían en la dirección en la que yo necesitaba ir. Así fue que cumplí con las formalidades de controles y sellé una vez más mi preciado pasaporte. Aquel elemento de viaje, que había podido conservar a lo largo de toda mi odisea, continuaba hoy en mis manos. Cada sello impreso en el mismo, era un fiel testigo de mi paso por cada uno de los países, en los que había vivido parte de mi vida, durante este viaje.

Ansioso y con todos los sentidos alborotados, volvía a escuchar el acento argentino en la mayoría de las bocas que pronunciaban palabras. Era mi tierra y el lugar que sentía propio. Nos pertenecíamos mutuamente. Las costumbres, las palabras, la vestimenta, el hablar. Todo era familiar para mí, después de tanto tiempo de aventurarme a descubrir infinidad de cosas que me resultaban nuevas. El tiempo desde que bajé del avión hasta que salí de la sala de embarque, no fue demasiado, pero fue suficiente para que los pensamientos, los recuerdos y las sensaciones tuvieran oportunidad de presentarse todos, de uno u otro modo, para vivirlos o revivirlos en esos escasos instantes. Al igual que la partida de Cuba, es probable que nadie haya podido percibir lo que significaba para mí ese lugar y ese momento de mi vida. Pero debo confesar que esta vez, no tuve oportunidad de dedicarle, tampoco yo, reparo al entorno que me rodeaba. Estaba sumergido en mi mundo y quería disfrutar de ese momento.

Junté energías y comencé a avanzar. La vista no me alcanzaba para intentar identificar, entre tantas caras que tenía enfrente, alguna conocida. Miraba y no veía. Intentaba buscar tan rápido que la velocidad del escaneo era ineficiente. Pero de repente en esa búsqueda acelerada, llegué a detectar una cara conocida.

Ahí estaban Hugo y Naty, unos amigos que habían ido a esperarme. DSC03136 (Custom)-copia-1Y, enseguida, pude ver a mi mamá, que estaba registrando mi llegada con la cámara. Y más allá a María José, una amiga de mi mamá, que también había ido a recibirme. Entre abrazos, apretones, lágrimas y risas estábamos, cuando la gente me pedía que me moviera del paso, ya que había quedado en medio del pasillo, por donde intentaban salir el resto de los pasajeros. Apuro, por contar de mi parte. Apuro, por preguntar de los demás. DSC03146 (Custom)-copia-1Y en eso, detrás del tumulto de gente, pude ver a Diana, mi hermana, con Florentino, mi sobrino, en brazos y un cartel que, escrito sobre una bandera argentina de papel, me esperaban para reencontrarnos.

DSC03140 (Custom)-copia-1Si el viaje me había llenado de emociones y sensaciones, el final, no había estado exento. La ansiedad por contar todo y cada una de las cosas que había vivido, me enmudecían por momentos. Era difícil poder empezar por algún punto y continuar con una historia, sin necesidad de contar contextos, paisajes y aventuras previas. Todo estaba relacionado, pero hubiera necesitado un año y cuatro meses más, para contarlo con todos los detalles.

El camino desde el aeropuerto hasta la casa de los Itu, lo hice con Hugo y Naty en auto. Era maravilloso volver a la Argentina y encontrarme con los míos.

A la llegada, nos sentamos a la mesa, con Rubén, Inés y Saúl, para compartir un banquete donde no faltó absolutamente nada. Esto que extrañaba, lo tenía escasos instantes después de volver. Una reunión familiar y de amigos, con largas charlas alrededor de una mesa, como elemento conector de todos los presentes.

DSC03150 (Custom)-copia-1DSC03151 (Custom)-copia-1No era posible resumir un viaje en una cena. Pero aparecieron diferentes relatos e infinidad de historias del viaje a cada instante.

No era simple entender todo lo que estaba viviendo. Era el fin de mi viaje. Se mezclaban las sensaciones. Todo había cambiado desde que había salido. Había vuelto a la Argentina.

Por Damian
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Monday 13 december 2010 1 13 /12 /Dic /2010 08:00

Nos habíamos encontrado con Barbarita el día que llegamos a La Habana y luego de recorrer gran parte de la Isla, me instalé en su casa, para pasar el resto de los días que permanecería en Cuba.

Su papá, Nilo, se encontraba muy débil de salud y por esta razón ella, en pocas oportunidades, se acercaba a su casa. La mayoría del tiempo permanecía en la casa de sus padres para cuidar de él y de su madre, que también tiene problemas de salud, sobretodo en su vista.
Mis días en La Habana los compartí con Arielys y Albertico, sus hijos, que era con quienes almorzaba y cenaba, generalmente, en la casa de ellos, que ahora también había pasado a ser mi casa.

Las charlas y las risas se hacían presentes a cada momento y, poco a poco, fuimos conociéndonos más profundamente.

DSC06824 (Custom)Una tarde, caminábamos con Barbarita rumbo a la casa de sus padres, cuando nos sorprendió la lluvia en el camino. Nos refugiamos debajo de un techo, que evitó que nos mojáramos mientras aguardábamos la calma de la lluvia. DSC06829 (Custom)Fue allí que Barbarita aprovechó la escala técnica para secar sus pies, ya que estaba caminando con unas sandalias y al mojárseles, comenzaron a patinarse sus pies sobre las mismas. DSC06836 (Custom)El riesgo de caída se incrementaba con este condimento, por lo cual, era necesaria la pausa. Cuando la lluvia se redujo, pudimos continuar con nuestra caminata.

Arielys estaba ingresando a la religión Yoruba o como se la conoce popularmente, Santería. Se trata de un religión que practicaban los esclavos africanos que llegaron a Cuba, hace ya mucho tiempo y como en su condición de esclavos les fue impedido practicarlas, se fue convirtiendo en algo oculto, clandestino y mal visto por el resto de la sociedad. Sin embargo, se las ingeniaron para mantener la tradición, a lo largo de los años, aunque con un poco de sincretismo, ya que muchas de las deidades que tienen los Yoruba, comparten nombres con los de la religión católica.

Para ingresar a la religión se realiza una ceremonia muy especial, que permitirá a esa persona pertenecer al mundo de los Yoruba. Luego de esta ceremonia, deberán cumplir ciertos requisitos para protegerse de energía negativas que permanecen en el entorno. Así, durante el primer año próximo, vestirán completamente de blanco y utilizarán un paraguas blanco para protegerse del sol. No podrán salir de noche, ni darles la mano, ni un beso, a otras personas y tendrán sus elementos para beber y comer, exclusivos; y no podrán compartirlos con el resto de la familia. Además de esto, no podrán ser fotografíados durante este período y esta es la razón por la cual no tengo ninguna foto con Arielys.

Ella era, sin embargo, la que se encargaba que Albertico y yo nos alimentáramos correctamente cada día, ya que cocinaba para nosotros todos los días.

Una tarde nos fuimos con Albertico a una playa que se encuentra cercana de La Habana. Nos dirigimos hasta un lugar donde se encontraba la parada de taxis y nos transportó hasta aquella playa. Cuando llegamos, le pedí al chofer de aquel exquisito vehículo, si nos permitía tomarnos una foto en su auto. Aceptó y nos acomodamos con Albertico para la ocasión. Fue, recién cuando regresamos a nuestra casa, que Albertico comentó la sorpresa que le había dado al chofer aquel pedido, ya que me acomodé en el asiento como si fuera a arrancar con su auto, dejando al chofer a pie, aunque con mi cámara en su mano. Jamás percibí aquella preocupación.

DSC07266 (Custom)Nos fuimos acercando a la playa, caminando por la arena. Como de costumbre las playas cubanas no tienen desperdicio. DSC07270 (Custom)Allí nos ubicamos con Albertico y nos metimos al agua. Le pedimos a una señora que pasaba, si podía tomarnos una foto. Al darme cuenta que la señora tenía el brazo con pendiente, le solicité que repita la toma, pero inclinando la cámara un poco hacia el lado contrario. Se fue de un extremo al otro. Pareciera que el mar se va a vaciar, cayendo para uno de los lados. De todas formas, ésta quedó mejor que la anterior, que había quedado similar a la Torre de Pisa.

DSC07285 (Custom)Como solía suceder en estos casos, con Albertico comenzábamos a reírnos y no podíamos parar. Su risa era muy contagiosa y a veces mis caras de incomprensión, dado la velocidad de sus palabras, hacía que cuando él me viera, comenzara con la risa para luego seguirlo yo. Esta vez no fue la excepción.

Como el día ameritaba el disfrute en la playa, había mucha gente por la arena. Tal es así que fue casi imposible descubrir que debajo de toda aquella cantidad de arena, se encontraba un pequeño cubano . DSC07293 (Custom)Después de aprovechar la tarde de playa, decidimos regresar, en guagua, con Albertico, hacia La Habana. La tarde de playa, había sido excelente.

DSC07290 (Custom)Al día siguiente, se celebraba en Cuba, el Día de las Madres. Cada vez que yo lo pronunciaba, no sabían cómo hacerme callar. En Argentina, lo que se celebra es el Día de la Madre, pero en Cuba esta falta de pluralidad tiene un significado completamente diferente. Mientras que el Día de las Madres, es el día destinado a nuestras progenitoras; en la Isla, el Día de la Madre, es un día pésimo. Se usa para decirlo de un modo grosero y no utilizar otros términos. Nunca conseguí aprenderlo. Cada vez que lo pronunciaba, comenzaban a reírse. Al igual que cuando pronunciaba “remera”, para referirme a la prenda que cubre el torso de una persona, siempre interpretaban “ramera”, ya que ellos le llaman camiseta a dicha prenda.

Siendo el Día de las Madres, Barbarita tenía que recibir el suyo. Pero las alternativas no son muchas a la hora de elegir un regalo, para las madres cubanas. Generalmente lo que se acostumbra a regalar, es algo que ellas estén necesitando. Puede ser un jabón, una crema o algún otro elemento que necesiten. Se acostumbra a regalar algo que sea útil, para aliviar los gastos de ese mes. A lo sumo, puede optarse por una torta o algún chocolate, que son cosas que generalmente los cubanos postergan, con el fin de satisfacer otras necesidades básicas primero. Una vidriera por las calles de la ciudad, reflejaba simbólicamente las opciones existentes para ofrecerles a las madres, en su día.DSC06854 (Custom)

Nosotros le preparamos una carta, recortando letras del diario Granma y armamos entre, los ahora, tres hermanitos cubanos, una ingeniosa carta para nuestra mamá Barbarita.DSC07306 (Custom) Arielys, Albertico y yo, recortábamos palabras y letra por letra, en algunos casos, para poder formar cada una de las palabras que necesitábamos. Así fuimos armándola, para luego entregársela con un regalo que le hicimos a nuestra mamá. Salimos a compartir un almuerzo familiar, los cuatro, para agasajar a nuestra mamá Barbarita y nos sentamos a conversar mientras esperábamos la comida. DSC07319 (Custom)A pesar de todo lo que estaban pasando ellos, con la enfermedad de Nilo, el papá de Barbarita y abuelo de los chicos, pudimos encontrar motivos para reírnos un rato y pasarla bien, en familia. Mi mamá cubana se lo merecía.

La cara de sorpresa y felicidad de Barbarita con aquella carta, quedó reflejada en una foto. DSC07307 (Custom)La razón de aquel texto, estaba vinculada a mi insistencia por apagar las luces que no se utilizaban y permanecían encendidas durante todo el día, cuando no había nadie en la habitación o en la casa. Así fue que les dejé otro cartel, para fomentar el ahorro energético y fue convirtiéndose en la broma diaria.

Lo mismo ocurría con el agua. Estuvimos unos seis días sin que entrara agua al tanque del edificio, pero por suerte en la casa de Barbarita teníamos un tanque que nos permitía almacenar algo de agua y abastecernos para soportar la ausencia. Esta carencia, hacía que todos estuviéramos pendientes de si llegaba o no agua y los ánimos de todo el edificio estaban alterados, por este tema. Para ponerle un poco de humor a toda esta situación, que verdaderamente complicaba el diario acontecer familiar, fue que puse una tardecita un tema musical, para dibujar una sonrisa en cada uno de nuestros rostros. Les dejé esta canción para que las escuchen si la “ausencia” de agua se volvía “a hacer presente” y puedan acordarse de cuánto nos habíamos reído aquel día.

Tema musical: Agua - Los Piojos

Una tarde Albertico andaba preocupado, porque tenía que rendir un examen. Como un par de días antes, lo había visto con sus libros de inglés, me ofrecí a ayudarle. Me indicó que no se trataba de examen de esa asignatura y quedó pendiente la aclaración. Unos días después, conversando nuevamente del tema, me comentó que tenía que prepararse en matemáticas. Inmediatamente le dije que podía ayudarlo también, por lo cual, le pedí que trajera los libros que tenía que estudiar y comenzamos a darle duro a las matemáticas. El examen era el viernes siguiente y era sábado por la tarde cuando surgió aquella conversación, por lo cual, estábamos un poco complicados de tiempo, pero le indiqué que el lunes fuera a su trabajo y pidiera los días siguientes de la semana, para prepararse en el examen.DSC07235 (Custom) Así fue que estudiamos toda la semana, hasta altas horas en la noche, haciendo cálculos y satisfaciendo los caprichos de Jacinto, que era el autor del libro del que hacíamos los ejercicios para practicar.

En un momento le digo a Albertico: “Lástima que vos no tomás mates, porque esto es para acompañarlo con unos matecitos”. Sin dudarlo me respondió: “Dale, prepáralos que tomo”. Y no fue necesario nada más, para empezar un "mano a mano" de mates. Poco a poco, le fui indicando las reglas que tiene el mate y con el transcurso de los días, se fue convirtiendo en un entendido en el asunto.

DSC07246 (Custom)Las matemáticas se mezclaban con el sueño y el hambre. Por momentos, a la madrugada, hacíamos un ataque profundo a la heladera, ya que habíamos sido absorbidos por las matemáticas, el mate y Jacinto, sin haberlo notado. Cada vez que Albertico podía resolver un ejercicio por su cuenta, automáticamente, se le dibujaba una sonrisa en su cara.

Así pasamos nuestros días, hasta el dichoso viernes que Albertico tuvo que presentarse en la facultad. A su regreso comentamos un poco, cómo había sido el examen y había un ejercicio que no había podido encontrar el modo de resolver, pero debíamos esperar las notas que estarían disponibles, para la semana siguiente.

El sábado de la semana próxima, Albertico fue por su nota y regresó cabizbajo. Necesitaba 60 puntos para aprobar y había obtenido 56. Su ánimo se había desmoronado, porque esto significaba perder un año, sin poder ingresar a la Universidad. Pero me comentó que el domingo mostrarían los exámenes. Le indiqué que debía ir y pelear con uñas y dientes, el resultado de aquel examen. “Las materias se pierden, nunca se abandonan. Hay que lucharlas hasta las últimas consecuencias”, le indiqué. Con escaso convencimiento, pero satisfaciendo mi pedido, fue a la Universidad.

Regresó y su cara tenía otro semblante. Me dijo: “Tengo dos noticias. Una buena y una mala. ¿Cuál querés primero?” Le pedí que empiece por la peor parte, para recuperar las energías con la buena noticia. La primera era la siguiente: “No me subieron la nota”. Ansioso esperaba la buena. “Pusieron una fecha adicional para el examen”, me dijo. Nos dimos un abrazo y festejamos. “Ya”, le dije, “Empecemos a repasar”. Le manifesté que había valido la pena ir a la facultad, ya que esa noticia, en los diarios, salió varios días después y hubiéramos perdido algunos días de práctica, sin esta información de primera mano.

Así continuamos hasta mi último día en La Habana y él siguió preparándose el resto de los días previos al examen. Finalmente pasó la prueba y pudo ingresar a la Universidad. La noticia me llegó por correo electrónico y fue una fiesta saber que había podido cumplir su sueño de ingresar a la vida universitaria.

DSC06844 (Custom)Mis días transcurrían en La Habana y a cada instante aprendía nuevas cosas del mundo de los cubanos. En mi casa habanera, el intercambio de expresiones para descubrir los significados de cada uno, tanto del cubano, como del argentino, iban y venían a cada rato. Las carcajadas también.

Compartí un poco más de un mes en familia, con Albertico, Arielys y mamá Barbarita. A lo largo de todos esos días, fui recorriendo y conociendo los diferentes rincones de La Habana, inclusive esos que pasan inadvertidos para los habitantes de la ciudad. Cada día que volvía y veían alguna foto, se trataba de rincones de la ciudad, que conocían, pero muchas veces no habían puesto atención en ellos.

 

Una tarde estábamos en la de los papás de Barbarita y como su mamá tiene serios problemas de visión, Albertico comenzó a hacerse pasar por mí y le hablaba intentando imitar el hablado argentino. Le contó que había nacido en Chiva Prieta, como le llamaba cariñosamente a Quiroga y le decía que él era campesino, ya que se había criado en el campo. Le decía que le gustaba La Habana y que quería quedarse a vivir en su casa. Entonces le preguntó si ella estaría dispuesta a hospedarlo. Mercedes, le respondió claramente. Con mucho gusto lo haría, pero que se quede en la casa de Barbarita y podía ir a su casa a la mañana temprano y pasar todo el día, pero nada le gustó la propuesta de que se quedara a dormir. Sabiendo que siempre mezquinaba su sillón, comenzó a pedírselo prestado y obtuvo una respuesta similar. Le dijo que podía utilizarlo, en los momentos que ella se levantaba para ir al baño, cuando almorzaba o cuando ella se acostara. Ahí fue que le dijo: “No sea tacaña mujer”. Yo no podía aguantar más la risa y Albertico hacía un esfuerzo por no reírse. Comenzó a decirle que en Argentina no existían ese tipo de sillones para intentar convencerla de que se lo preste, pero todo intento fue en vano. Y el remate final, en el que tuve que apagar la cámara para ir a reírme afuera, fue cuando Mercedes le pregunta por Pinar del Río, ya que yo había ido a conocerlo en esos días. Cuando Albertico le pregunta si conoce y ella dice que no, él le dice: “¡Qué boludo que fui, la podría haber invitado”. No había forma de no reírme junto a Albertico. Después de esto Barbarita le dijo a su mamá que era Albertico el que estaba hablándole y ella dijo que se había dado cuenta y le había seguido la conversación igual. Nunca sabremos si fue así, pero la ocurrencia de Albertico nos hizo reír mucho.

 

 

 

Una noche, fuimos al teatro a ver el festival de música Cubadisco, con mi hermanito Albertico y mi mamá cubana. Nos sentamos a ver el espectáculo de los diferentes artistas cubanos, que iban ocupando el escenario. Los músicos que se iban presentando eran muy buenos y en un momento comenzamos a aplaudir al ritmo de la música. Yo lo hice al igual que el resto de los presentes, pero no enganché el ritmo desde el principio y a la quinta palmada descoordinada, dejé de hacerlo. Antes de finalizar la última, miré a mi alrededor, para garantizarme que nadie hubiera detectado aquel desperfecto, pero, lamentablemente, alguien lo había visto: Albertico. Me miró y como era costumbre comenzamos a reírnos a carcajadas, cuando no había motivo para reírse en medio de este espectáculo. Teníamos rodeada a nuestra mamá Barbarita, uno a cada lado de su asiento, por lo cual, ella aún sin saber el motivo de aquella risa, comenzó a reírse también, sin poder darle una pausa a nuestra risa, como para poder explicarle qué había pasado. No hacía falta saberlo. No era necesario conocer el motivo de aquella risa. Bastaba con reírse y disfrutar de aquel momento. A la salida nos sentamos en un bar a disfrutar unas cervecitas y conversamos sobre lo que habíamos visto. Era inevitable compartir un momento junto a Albertico y no compartir también la risa. Para Barbarita, después de pasar días enteros en la casa de sus papás, con una situación que no provocaba el más mínimo gesto de risa, relajarse un poco y poder compartir con nosotros algunos momentos cargados de risa, le permitía devolverle a su cara un gesto de alivio y momentánea felicidad.

DSC07226 (Custom)Mis días en La Habana estuvieron cargados de afecto por mi familia cubana y no fue fácil armar la mochila y despedirme de ellos. Además del fin de mis días por La Habana y de aquella casa, era el fin de mi viaje, por lo cual, el armado, por última vez, de mi mochila estaba cargado de simbolismos.

Una carta para Arielys, otra para Albertico y otra más, para mi mamá cubana Barbarita, dejé sobre la mesa antes de partir. Dentro de mi mochila, también tenía una, que viajaba de aquellas manos hacia mí. Preferí no leerla hasta quedarme sólo en el aeropuerto. Mi vuelo salía temprano por la mañana, por lo cual, dejé mi casa habanera en la madrugada y me dirigí hacia el aeropuerto. La despedida fue fuerte y dura. Todos se levantaron a despedirme a la madrugada. Estábamos los cuatro juntos, cuando vinieron a buscarme.

Al llegar, di muchas vueltas antes de atreverme a leer la carta de mi mamá cubana. Sabía que iba a ser un trago difícil de digerir. Con el sobre cerrado, podía descubrir que había algo dentro del mismo, que no sólo era papel, pero no podía descifrar de qué se trataba. Sólo fue posible hacerlo al abrir el sobre. Sus palabras y su cariño estaban impresos en aquellas páginas. Mis ojos se nublaron, se me enredó la garganta y precipitó una lágrima. Dentro de aquel sobre, aquello que desordenaba la prolijidad que hubiera tenido si hubiera sido sólo papel, traía consigo un mensaje fuerte y cargado de simbolismo, también. Tenía en mis manos y para siempre, las llaves de mi casa cubana, con la invitación de regresar cuando quiera. No hacía falta decir nada más, después de esto.

Despaché el equipaje y mi cabeza estaba alborotada. Al hacerlo, la mujer que lo recibió me indicó que debía pagar más de $200 argentinos, porque mi equipaje se excedía en el peso permitido. Le indiqué que no tenía más CUC (moneda cubana), ni tampoco otro tipo de dinero y en un gesto de grandeza modifico imaginariamente el peso que indicaba la balanza, para permitir el paso de mi mochila sin problemas. Al momento de embarcar, estaba la misma mujer que me había recibido el equipaje, por lo que seleccioné una moneda argentina de cada uno de los valores existentes y se la entregué, a modo de agradecimiento, por su gesto. 

Dejaba Cuba y una parte de mi familia en La Habana. Ordené mi situación aduanera y sellé mi pasaporte, pero nadie, de los que me rodeaban, podía comprender lo que estaba viviendo. No hacía falta ocultarlo, porque nadie podía percibirlo. Después de un año y cuatro meses volvía a mi tierra. Volvía a la Argentina, después de haber vivido experiencias demasiado fuertes a lo largo de mi viaje. Las incertidumbres eran infinitas. Las respuestas inexistentes. Las ansias de pisar suelo natal, extremas. Y la mezcla de sensaciones, eran similares al descenso abrupto de una ladera, con el cosquilleo abdominal incluido. 

Por Damian
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Sunday 12 december 2010 7 12 /12 /Dic /2010 06:19

Tema musical: Al otro lado del río - Jorge Drexler.  Música utilizada en la película Diario de Motocicleta (Historia sobre el viaje del Che y Alberto Granado).

Allá por La Habana, tuve la oportunidad de encontrarme y conocer a Alberto Granado. Aquel compañero de viaje del Che, con el que compartieron parte de la aventura por Latinoamérica.

DSC06482 (Custom)Hace escasos instantes me llega la noticia que ha dejado este viaje terrenal, para sumergirse en otro. En uno, quizás, en el que pueda reencontrarse con su amigo y continuar aquellas risas, como si nunca se hubieran detenido en el tiempo. Quizás el Che pueda contarle con su voz y sus palabras la historia que sólo él supo y vivió. El final de aquel viaje, de su viaje, que fue el fin de su vida.

Ojalá que aquel reencuentro exista. Ojalá que puedan abrazarse una vez más, para poder unir de algún modo el abrazo que muchos le hemos dado a Alberto Granado, intentando también abrazar una parte del Che. En definitiva, Alberto y el Che, se pertenecían mutuamente.
Su pedido fue que sus cenizas fueran esparcidas entre Cuba, Argentina y Venezuela, donde fue gastando de a poquito su vida, en ese mezquino juego de saber administrar los años y gastarlos lentamente, para vivirlos al máximo y lo mejor posible.

Espero que la foto que le dejé, haya llegado a sus manos, que es la misma que dejé en el museo de La Higuera cuando estuve allí.

CheAlberto: tenés tu merecido descanso en paz y gracias por regalarnos un poquito de tu vida, para conocer, por medio tuyo, al querido Fuser.

Por Damian
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Saturday 11 december 2010 6 11 /12 /Dic /2010 03:57

Tema musical: Revolución - Raúl Paz

No quería irme, esta vez de Cuba, sin conocer Viñales, bien en el Occidente de la Isla. Allí, se cultiva la mayor cantidad de tabaco del país y había podido ver algunas fotos que me tentaban a viajar hacia aquel lugar.

Tomé la guagua, en La Habana, hasta el cruce de dos carreteras, para descender allí e intentar hacer dedo o "coger botella" como la llaman los cubanos, a esto mismo. De este modo, intentaría experimentar cómo funciona un modo muy común que utilizan los cubanos para trasladarse de una ciudad a otra. Así fue que solicité varias veces, pero nada pasó. No estaba solo en aquella aventura. Éramos varios los que esperábamos que alguien se digne a detener su marcha para llevarnos.

Mientras esperaba comencé a esbozar un pequeño cartel, para que quien pase pudiera saber cuál era mi destino. Fue inmediato. Al colocar el cartel, enseguida frenó una máquina, como les llaman los cubanos a los autos antiguos que funcionan como taxis y me subí. Sabía que de todas formas tendría que pagar para esto, pero el precio que me costaba el pasaje en guagua para extranjeros era 15 CUC y de este modo el precio era en moneda nacional. Al subir el chofer me indicó el precio y enseguida comenzó a conversar con el acompañante para descubrir si se trataba de un cubano o de un extranjero, el nuevo pasajero que tenía arriba de su vehículo.

Cuando me hicieron la consulta, les respondí con otra. ¿Ustedes qué piensan?, les dije. Y me respondieron que pensaban que era extranjero. Les confirme sus sospechas y les indiqué que viajaba de ese modo para intentar conocer, un poco más, la realidad cubana. En el asiento trasero de aquel auto, viajaban junto a mí, tres mujeres. Una de ellas se incorporó, cuando escuchó mi frase y extendió su mano y me felicitó. “Viste que no es todo tan color de rosa como lo cuentan”, me dijo. Y a partir de allí continuamos la charla por el tiempo que duró el viaje hasta Pinar del Río. Sabía que para poder darle confianza a un cubano para que cuente su verdadero punto de vista, debía dar el primer paso. Así fue que fui manifestando mis enfoques, sobre diferentes aspectos y cada uno de ellos fue manifestando el suyo. Fue una excelente oportunidad para escuchar, una vez más, variados puntos de vista y compartir una charla con cubanos.

DSC07329 (Custom)Al llegar, la máquina me dejó en las afueras de la ciudad y en un cruce de rutas. Allí me quede para esperar una guagua urbana que me condujera hasta el centro de la ciudad. DSC07335 (Custom)Pasaron varios medios de transporte mientras esperaba allí, pero debí seguir esperando al que me llevaría hasta donde yo deseaba ir. DSC07337 (Custom)Un hombre con un zapallo al hombre fue el que me indicó cuál era la guagua correcta que debía tomar.

Permanecí en Pinar del Río una noche y busqué el modo de hospedarme más económico, ya que el precio para extranjeros es bastante caro, tenía presente que había personas que hospedaban en precios más acordes, pero había que encontrarlos, ya que no estaba permitido. Ellos se encontraban autorizados a hacerlo sólo en moneda nacional y para viajeros cubanos, pero a veces se arriesgaban por la oportunidad que tenían de un mayor ingreso.

Al día siguiente, recurrí al punto desde donde salían las máquinas que me llevarían hasta Viñales. Allí el sol estaba terriblemente fuerte y no había ningún tipo de reparo o sombra donde protegerse. Esperé un tiempo largo y no pude conseguir seguir a dedo. Una máquina llegó y saldría hacia Viñales cuando estuviera completa de pasajeros. Debíamos juntarnos doce personas para comenzar el viaje. Si bien el vehículo desde afuera no parecía tener capacidad para tantas personas, en su interior debíamos acomodarnos para entrar.

DSC07384 (Custom)El cansancio del chofer y su acompañante los invitó a aprovechar el tiempo de espera y dormir dentro del auto hasta la partida. Así fue que partimos apretujados con destino a Viñales.

Al llegar, busqué un lugar donde hospedarme y salí a recorrer los alrededores de la ciudad. DSC08047 (Custom)Las plantaciones de tabaco estaban recién comenzando a crecer, por lo cual, se podían ver los suelos completamente naranjas y la vegetación con un verde bien intenso comenzando a crecer por encima de aquella tierra colorada.

DSC07412 (Custom)El Valle de Viñales fue declarado por la UNESCO como Paisaje Cultural de la Humanidad, ya que se reúne la mano del hombre con el paisaje natural, en una convivencia constructiva.

Los más característico de Viñales son los mogotes. Se trata de las formaciones rocosas que inundan la región para convertirse en el sitio natural más inconfundible de Cuba.DSC07526 (Custom)

La combinación de los colores, hacen del paisaje, un lugar maravilloso. DSC07528 (Custom)En esta región del país es posible encontrar saltos de agua, en determinados lugares donde uno puede refrescar un poco y soportar mejor el calor reinante en esta zona.

DSC07810 (Custom)Al día siguiente, salí a recorrer algunos sitios de visita obligada. Compré un pasaje que me permitía subir y bajar de una guagua en diferentes oportunidades para visitar varios sitios de manera conjunta, por lo cual, comencé el recorrido.

DSC07859 (Custom)Visité el Mural de la Prehistoria, que se trata de una pintura sobre piedras jurásicas, que con sus 180 metros de ancho por sus 120 de alto, es imposible que pase desapercibido para cualquier persona que merodea la zona. Fue pintado por el artista cubano Leovigildo González, a mediados del siglo pasado. DSC07537 (Custom)Por medio de sus imágenes, narra los hábitos y costumbres que tenían los primeros pobladores que pisaron este suelo, dedicados a la caza, la pesca y la recolección. Además de figuras humanas, es posible descubrir en él, moluscos y reptiles marinos de la era Mesozoica.

Desde allí me dirigí hacia la Cueva del Indio. En esta cueva es posible recorrer una parte caminando, donde uno puede observar las estalactitas y estalagmitas que se han formado dentro de la cueva, para luego finalizar la caminata y continuar el paseo por agua. DSC07591 (Custom)Un bote se encargará de transportar a los pasajeros hasta la salida de la cueva, para finalizar el paseo. El Río San Vicente aún corre por allí, resistiendo el paso del tiempo.

Diferentes partes del recorrido, decidí hacerlas caminando, para evitar la espera de la guagua. Así fui caminando a la vera de la carretera y fui disfrutando del maravilloso paisaje que me rodeaba. DSC07628 (Custom)El desfile de vehículos era maravilloso.DSC07635 (Custom)El transporte de pasajeros, no tanto.DSC07670 (Custom)

Los carros tirados por caballos son el medio de transporte más utilizado en el campo, ya que no requieren de combustible y con alimentarlos es suficiente. Es por esto muy común encontrar a los trabajadores y pobladores de la zona, utilizarlos como medio de transporte. En general, en todo el país, es común ver esto.DSC07736 (Custom) Además las ciudades no son tan grandes, exceptuando de esta consideración a La Habana, por lo cual, no es difícil encontrar algún sitio para que los animales puedan comer un poco de pasto.

Las casas de tabaco, pintan el paisaje en cada rincón. Son parte de la postal característica de la zona. DSC07702 (Custom)Y estando aquí no podía abandonar Viñales sin haber visitado una de estas casas. Así que comencé a averiguar y caminé hasta sumergirme en la casa de un campesino a quien le pedí permiso para tomarle algunas fotos. DSC07875 (Custom)Comenzó a contarme cómo funcionaba el proceso desde la plantación hasta el secado de las hojas y los tiempos necesarios para ello. DSC07950 (Custom)Nuestra charla se extendió más de la cuenta y hasta se sentó a armar un habano que luego me regaló. DSC07999 (Custom)No quiso que me fuera sin conocer a su gallo más protegido al que le hablaba como si fuera una persona y al que le ponía su dedo cerca del pico, evitando, de todas formas, que lo pique.

DSC08075 (Custom)Nos despedimos y prometí enviarle algunas de las fotos que le había tomado y lo hice cuando llegué a La Habana.

Regresé al centro de la ciudad, donde se encontraba la Iglesia local y la música ya comenzaba a escucharse en el Centro Cultural Polo Montañez, que se ubica al lado de la misma.DSC07774 (Custom)

Las noches estaban llenas de música, en aquel lugar, que era visita obligada para disfrutar de la música cubana.

Al día siguiente, había decidido regresar a La Habana. Alguien por la calle que conversó conmigo, me recitó un poema de un pintor cubano, que vivía en Viñales y manifestó lo siguiente, durante los duros días que tuvieron que enfrentar los cubanos en el período especial:

Pinto una cafetería
Con tres granos de café;
Y te pinto un comité
Con una tienda vacía;
Pinto una carnicería
Con dos mujeres peleando;
Y pinto un carro anunciando
Que hay un juicio popular;
¡Coño!
¡Pero no puedo pintar
El hambre que estoy pasando! 

Aún hoy, habiendo ya pasado los años desde aquella época durísima que vivieron los cubanos, esta persona me lo contó casi de manera confidencial.

Salí rumbo a Pinar del Río y busqué un transporte que me llevara hasta allí. Al llegar a Pinar del Río, me dirigí nuevamente al punto por donde pasaban los transportes que nos llevarían hasta La Habana. Comencé a conversar con un cubano que intentaba viajar en la misma dirección que yo y compartimos una extensa charla. Decidimos cambiar de sitio y nos alejamos del centro de la ciudad. En este nuevo punto, éramos muchos los que esperábamos también a que alguien se digne a llevarnos. Le manifesté que la solución sería colocar un cartel y que luego de eso, viajaríamos inmediatamente. No funcionó. Entonces lo invité a que nos tomemos una foto, sonrientes, como si el cartel hubiera funcionado. Creo que no se percibe que llevábamos casi cinco horas de espera. DSC08140 (Custom)El sol comenzó a abandonarnos y éramos muchos los que intentábamos viajar hacia La Habana.

DSC08124 (Custom)Avisé a mi casa en La Habana, que llegaría tarde y en eso estaba, cuando me avisó mi compañero de espera, que había llegado un colectivo que nos llevaría a La Habana. Como mi viaje de este modo era sólo por aventura, le indiqué a este hombre que le pagaría su pasaje, ya que el importe en moneda nacional, no representaba casi nada para mí. No quiso aceptarme el ofrecimiento. Sabiendo esto, cuando en el camino se detuvo la guagua, descendí en una estación de servicios y compré un sándwich para cada uno, sin consultarlo. No tuvo opción. La espera había sido larga y el hambre se había hecho presente.
En el camino, pasamos por un control policial y revisaron los equipajes de todos los pasajeros. Uno de ellos llevaba pescado congelado y esto nos demoró bastante tiempo, hasta que verificaron que no se trataba de langosta, ya que está prohibida su comercialización.

Cuando llegamos a La Habana, delante nuestro se fue una guagua que se dirigía hacia el centro de la ciudad. Esperamos casi dos horas y fueron varios los intentos que hice de convencer a mi compañero de viaje para que tomemos un taxi. Las máquinas, como ellos les llaman, eran, a esa hora, el único medio de transporte posible. Él no quería viajar en taxi, porque el costo del mismo, era igual que el de la guagua desde Pinar del Río hasta La Habana y le representaba demasiado dinero. Pero ya le había indicado que no me iría de allí sin él. Ya que a mí, seguramente me iba a costar más barato pagar los pasajes de ambos en taxi, que pagar el mío solo. Ya que si viajábamos juntos, sería él quien indicaría nuestros destinos, mientras que si lo hacía yo, detectarían que no era cubano y me iban a querer cobrar en CUC. Estuve más de una hora insistiéndole hasta que, creo, lo cansé con mi insistencia y aceptó.
Subimos a la máquina y él descendió en la terminal de colectivos, donde dormiría sentado en la sala de espera, para salir por la mañana siguiente a hacer algunas compras en La Habana. Yo seguiría hasta mi casa cubana y al final del viaje la pagaría al taxista. Creo que cuando descubrió mi acento no le gustó demasiado recibir el pago de ambos de mi mano, en pesos cubanos, pero ya estábamos en la esquina de mi casa y no tuvo más opción que tomarlo.

Esta parte del viaje dentro de Cuba, había sido completamente diferente al modo de viajar que había experimentado hasta el momento. Me había permitido conocer otra parte de la Isla, no sólo geográficamente, sino humanamente. Había valido mucho, la experiencia vivida.

Por Damian
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Friday 10 december 2010 5 10 /12 /Dic /2010 19:07

Tema musical: Fuera - Buena Fe

Estaba muy interesado en conocer cómo era un “Día del Trabajador” en Cuba. DSC07219 (Custom)Sabía que para conocerlo realmente de cerca, debía amanecer bien temprano. Puse el despertador y a las 5:00 a.m. del 1º de mayo, ya estaba en las calles habaneras. El 1º de mayo de 2009 lo había pasado en otra capital latinoamericana, en La Paz, Bolivia y había tenido la posibilidad de escuchar el discurso de Evo Morales y saludarlo personalmente. ( ¡Feliz día del trabajador! Discurso de Evo Morales. )

Las calles, aún casi deshabitadas de La Habana, comenzaban a poblarse por esa hora. DSC06953 (Custom)De cada uno de los rincones de la ciudad comenzaban a aparecer más y más personas, en grupos o dirigiéndose hacia los puntos de encuentro que había establecido cada uno de los centros de trabajo.

En aquellos casos, cada grupo se reunía en su centro de trabajo, para luego trasladarse hacia el Capitolio que era el punto donde se concentraban, para caminar hasta la Plaza de la Revolución.

DSC06961 (Custom)El día aún no había comenzado a asomar y la gente ya estaba, en grandes cantidades, por las calles de la ciudad.

DSC07013 (Custom)Cada uno se acercaba a encontrarse con sus compañeros de trabajo y lo hacía de diferentes modos y con diferentes expresiones en sus carteles.

DSC06975 (Custom)DSC06993 (Custom)DSC07022 (Custom)DSC07040 (Custom)Un personaje, apareció con sus dos perros salchichas y su bicicleta cargada de banderas y carteles, para sumarse a la marcha de los trabajadores.

DSC07049 (Custom)El día comenzó a asomar, pero aún no estaban listos todos los preparativos para comenzar la caminata. Recién, tres horas y medias después de mi llegada, se comenzó la caminata rumbo a la Plaza de la Revolución. DSC07019 (Custom)La clásica peregrinación cubana comenzó por el Paseo del Prado, para doblar rápidamente por la Avenida Reina. DSC07026 (Custom)Fue allí que sospeché que sería una buena oportunidad, para tomar una foto, subir a algún edificio que se encontrara sobre esta última avenida. DSC07083 (Custom)Vi a un hombre en la puerta de su casa a punto de ingresar a ella y le pedí permiso para subir con él a tomar unas fotos.

Aceptó enseguida y subimos las escaleras hasta su casa para poder cumplir con mi objetivo. Casi se ve frustrado mi deseo, ya que un perro que había en la terraza, me tiró un tarascón y estuvo muy cerca de morderme. Hubiera sido el fin de la odisea, pero mi velocidad para mover la pierna en dirección opuesta a sus fauces, fue superior. Desde allí arriba pude descubrir que aquella manifestación era extensa e imposible determinar el punto final de la misma. DSC07085 (Custom)Tomé algunas fotos desde su terraza y debía volver a pasar cerca de aquel perro, pero esta vez contaba con mayor atención y precauciones para hacerlo. Cuando me estaba yendo, el hombre que me había habilitado aquel mirador estratégico, me regaló un libro para que lo leyera y que pocos días antes alguien me lo había recomendado.

Le agradecí mucho por haberme permitido ingresar a su casa y por haberme regalado aquel libro y continué caminando, intentando alcanzar al grupo de personas con los que había comenzado a hacerlo aquella mañana.

DSC07103--Custom-.JPGA medida que pasan las horas, el calor comienza a hacerse presente y ésta una de las principales razones por las cuales se comienza tan temprano. DSC07106 (Custom)Ya que sería imposible pensar en semejante acumulación de personas cerca del mediodía o pasado este horario. El sol en Cuba se siente de cerca.

Para sofocar el calor, se habían dispuestos en diferentes puntos por donde pasaría la marcha, de camiones cisternas, para abastecer de agua a los agotados caminantes.

DSC07118 (Custom)La bandera de Cuba aparecía en cada rincón y los cánticos y la música también lo hicieron a lo largo del camino. La seguridad estaba apostada en algunos puntos estratégicos de la ciudad para controlar cualquier tipo de ataque que pudiera surgir, ya que las amenazas, en Cuba, son constantes. DSC07112 (Custom)Los cubanos tienen claro que cualquier oportunidad podría ser buena, para que el gran personaje del norte se decida a hacer un estratégico golpe.

Llevábamos una hora de caminata y recién comenzábamos a ver el Memorial de Martí, a lo lejos, que indicaba que nos estábamos acercando a la Plaza de la Revolución.

DSC07129 (Custom)A esta altura, la concentración de personas por metro cuadrado, era cada vez más intensa y los cánticos y la música se fueron haciendo presentes de manera simultánea. DSC07128 (Custom)Así fue que pasamos por la el punto central de la manifestación: La Plaza de la Revolución.

DSC07161 (Custom)La marcha del Día de los Trabajadores estuvo encabezada por Raúl Castro, actual general del Ejército. Pero, ahora eran los mismos trabajadores cubanos, los que se apoderaban de las calles y se manifestaban por ellas.

DSC07180 (Custom)Cada uno de los trabajadores fue pasando frente al Memorial de Martí y luego, fueron retirándose a sus respectivos hogares. Cerca de las 11:00 a.m. había llegado al fin aquel acto y había podido vivirlo bien desde adentro.

Un pequeño se encontraba, sentado en el cordón de la vereda, junto a su madre a quien le pedí permiso para tomarle una foto. Le guiñé un ojo para tomarle una foto y su respuesta quedó reflejada en la foto. En sus manos custodiaba, celosamente, una bandera cubana, protegiéndola con tenacidad. 

DSC07205 (Custom)Quienes vivían cerca de la Plaza, regresaban caminando, que era el modo más rápido de hacerlo, dado la gran concentración de personas. Quienes habitaban lugares más alejados, tenían diferentes medios de transportes para regresar a sus hogares.

DSC07214 (Custom)DSC07215 (Custom)DSC07217 (Custom)Un grupo de compatriotas argentinos, estaban también por aquí.

DSC07209 (Custom)DSC07077 (Custom)En el camino de regreso, conseguí que dos mujeres cubanas me regalen los banderines de Cuba (uno de nylon y otro de cartón) para conservar de recuerdo de aquel momento histórico que había tenido la oportunidad de vivir.

Para muchos sigue siendo una verdadera fiesta, marchar hacia la Plaza de la Revolución, con un caminar simbólico, en defensa de sus derechos y de muchos de los beneficios que les ha brindado y les brinda la Revolución a cada uno de los habitantes cubanos. Para otros, no es tal. Se acercan a mostrar que han llegado hasta la marcha, para luego dirigirse hacia sus casas nuevamente, sin deseos de participar de aquella marcha. Otros, ni se acercan, mientras que otros reclaman por algunos cambios en las condiciones laborales. Sobre todo en el poder adquisitivo que tienen actualmente los salarios en Cuba.
DSC07200 (Custom)Después de mi viaje por la Isla, Raúl anunció una gran reestructuración de empleo, que propone dejar sin empleo a un millón de cubanos, para permitirles que trabajen como cuentapropistas. Esta fue una alternativa que se implementó con algunos cubanos durante el Período Especial que atravesó Cuba, después de 1991. Creo que son medidas que si bien desconciertan un poco a los cubanos, acostumbrados a la garantía del empleo bajo cualquier condición, esto permite valorar los méritos de cada empleado. Ojalá queden aquellos que realmente luchan por un país mejor cada día.

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Esta última imagen es más que simbólica. Quizás un deseo de manifestar un pedido de cambios en la sociedad cubana, sea el deseo casi inconsciente de esta mujer que dobló su cartel de un modo tal de expresar un significado completamente diferente al que tendría aquel cartel desplegado.

Permanecer tanto tiempo en la Isla, me permitió conocer y poder hablar con diferentes cubanos que manifestaron una opinión completamente real de lo que pensaban acerca de lo que sucedía en la Isla. Con la mayoría de los cubanos que he hablado, defienden a ultranza la Revolución y muchos de los beneficios que esto les ha dado, pero solicitan ciertos cambios para poder vivir mejor. En estos momentos el más grande de los problemas que existe para ellos, es el del poder adquisitivo que tienen los salarios cubanos. Se ven algunos cambios, que parecen escuchar el pedido del pueblo isleño.

 

Por Damian
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Thursday 9 december 2010 4 09 /12 /Dic /2010 18:00

Seguía disfrutando de mis días habaneros y los sitios que visitaba eran variados. Las calles habaneras, tienen una particularidad. El desgaste de sus veredas se produce de un modo extraño. Es por horarios. Cuando el sol pega duro en una de ellas, se los ve a todos los cubanos caminando apretados por la de la sombra, en la mañana. Mientras que sucede lo mismo, pero para la vereda de enfrente por la tarde. 

De todas formas, es difícil de comprender, cómo resisten tanto calor sin transpirar. No es común ver a un cubano con su frente sudando o sus prendas mojadas por el sudor. Claro que la vestimenta que utilizan es acorde al clima. La parte superior del cuerpo de los hombres y niños, está generalmente cubierta por una camiseta o musculosa (término utilizado en Argentina, mientras que en otros países se les llama esqueleto u otros nombres), y la marca de ella queda impresa en sus pieles durante todo el año. Es común ver en las guaguas los brazos estirados de los cubanos, para sujetarse de algún pasamanos y descubrir que se han depilado las axilas y el pecho para aliviar el calor.

DSC08235--Custom-.JPGMis caminatas me iban llevando por los rincones de la ciudad y en una de esas me encontré frente a la Catedral, nuevamente, como en otras oportunidades, pero esta vez, se encontraba abierta, por primera vez, frente a mis ojos. DSC06894 (Custom)Accedí a ella para conocerla y fui recorriendo y descubriendo sus rincones. Su construcción comenzó en el año 1748, como iglesia jesuítica y fue convertida en Parroquial Mayor, en 1777. En el año 1788, pasó a ser  Catedral de La Habana y en 1982, fue declarada, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

DSC06900 (Custom)Subí al mirador y desde allí pude observar, un poco, de los alrededores de esta Catedral. Una escalera conducía hacia un sitio, aún más arriba, pero el primer escalón en condiciones de pisarlo estaba a la altura de mi cuello, por lo cual tuve que trepar para poder acceder a la parte superior del mismo.

DSC06936 (Custom)La vista que se tenía de toda la ciudad desde este elevado punto era excelente. Desde allí arriba podía escuchar la música que brindaban unos músicos cubanos en la Plaza de abajo.

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Había quedado en encontrarme con Manolo, en otro punto de la ciudad. Era un cubano que había conocido unos días atrás y con quien salimos a recorrer la zona del Vedado. Caminaba en dirección a su casa, cuando se me acercaron dos cubanitos a interrogarme rápidamente sobre algo que al principio no había comprendido. Enseguida descubrí de qué se trataba. Estaban jugando a la pelota, como le llaman los cubanos al béisbol, y pretendían que yo oficie de árbitro en una jugada problemática que había surgido entre los únicos dos participantes. Me preguntaban si el tanto había sido bueno o malo, con términos deportivos, pero lo hicieron tan rápido que no había podido comprenderles. Comencé a reírme y les confesé que no había visto la jugada para poder ayudarlos. Hablando de esto con mi nuevo hermano cubano, Albertico, me contó que él cuando era chico, también buscaban en un adulto la sentencia para descubrir si un tanto había sido bueno o malo. Éstos eran dos cubanitos de verdad y no como los que existen en Argentina, que llevan ese nombre los barquillos o cucuruchos cilíndricos rellenos de dulce de leche, por su similitud con un habano.

 

En este pequeño gesto, estaba implícito una gran característica de Cuba. La gente no tiene miedo en la calle. Lo habíamos vivido al llegar a Cuba, de noche, en el taxi que nos llevó a la casa de Nersa y lo veía cotidianamente en cada una de mis andanzas. A estos niños, nadie la había dicho que no hablen con extraños. Nadie les había infundido el miedo que se les transmite en muchas sociedades del mundo. Todo el mundo habla con todo el mundo y en las guaguas la gente se ayuda unos a otros. Es muy común que quienes viajan sentados, ofrezcan su falda para cargar el equipaje o cartera de quien viaja de pie. Sin embargo, los cubanos dicen que esto cada vez, al igual que la cesión de los asientos, es menos natural. Probablemente, comparado con tiempos pasados, puede ser que no sea tan habitual, pero aseguro que sorprende mucho este maravilloso comportamiento cubano, si se considera que La Habana tiene 2 millones de habitantes.

Caminábamos con Manolo, recorriendo esta parte de la ciudad, cuando descubrimos algo que nos sorprendió a los dos.

DSC06788 (Custom)No podíamos explicarnos cuál era el sentido de hacer esta escalera, para poder acceder al tablero eléctrico en esta parte de la ciudad, cuando podían haberlo hecho más bajo. Enseguida, cuando descubrimos otro igual, Manolo me lo explicó, cuando reaccionó de qué se trataba. Cuando hay marejada, esta zona de la ciudad se inunda y la altura del agua suele llegar hasta el nivel de la parte inferior del tablero. Así pudimos comprender esta obra de ingeniería que nos había dejado sorprendidos, por unos instantes.DSC08269 (Custom)

En su casa, tenía una foto que le prometí llevármela conmigo cuando saliera de allí. Nunca lo cumplí. Era una foto del Che, impresa en papel fotográfico desde el negativo original.

DSC08273 (Custom)En nuestra caminata, por El Vedado, fuimos encontrando edificaciones maravillosas. El Teatro Amadeo Roldán se lucía maravilloso antes nuestros ojos y los exageradamente grandes ficus que por allí invaden las veredas, pintan de verde sus calles.

DSC06794 (Custom)Cada edificación tenía su encanto y Manolo se encargó de contarme sus recuerdos de la infancia por aquellas calles de La Habana. También me relató una historia que me dejó petrificado y me hizo reír mucho de imaginar aquella situación. DSC06790 (Custom)En pleno Período Especial, en Cuba, la situación de alimentos fue realmente crítica y con su mamá habían conseguido un cerdo para alimentarlo en su casa y luego poder venderlo o comerlo. Poco a poco lo fueron alimentando, pero el problema surgió cuando los denunciaron y llegó el control del Estado para verificar si aquella información era fidedigna. DSC06795 (Custom)Sus relatos sobre los malabares que tuvieron que hacer para poder sacar aquel animal de un departamento, impedía que me pare de reír, con sólo imaginarlos acarreando aquel cerdo para evitar ser multados por esto.

Compartimos música, información y extensas charlas, además de mantener en pie la promesa de volver a encontrarnos en Argentina para visitar Bariloche.

El sol se fue escondiendo, poco a poco y nuestra caminata siguió por la ciudad. Allí encontramos un pescador en el Malecón habanero y el cielo pedía a gritos que le tome una foto. En aquel atardecer no había desperdicio.

DSC06802 (Custom)Otro de mis días por la ciudad, encontré dos niños que a pesar de la pena que me daba el perro, por el trabajo que realizaba, me hicieron reír muchísimo. Descubrí que no sólo por esto, sino por muchas otras cosas más, era cierto lo que los cubanos se adjudicaban. “El cubano vive del invento”, escuché decir a muchos. Y este era uno de esos casos. En la vereda del Capitolio, jugaban estos dos niños. DSC07255 (Custom)A falta de motor, estos dos personajes habían conseguido encontrar el medio de locomoción para su tabla con ruedas. Un par de rulemanes, una tabla, un perro y una botella para que el animal salga a toda velocidad a buscarla cuando se la arrojaban lejos, para forzar el movimiento del vehículo. DSC07251 (Custom)Me divertí mucho observándolos y les indiqué que no se olviden de proporcionarle agua a ese perro, que manifestaba su cansancio. Así fue que uno de ellos, utilizó aquella botella y le trajo un poco de agua para que tome.

 

DSC07250 (Custom)En otra oportunidad, por las calles de La Habana Vieja, encontré un grupo de niños que haciendo un trencito, cantaban y caminaban de un lado al otro, por una angosta vereda. Me quedé admirándolos, por el entusiasmo con el que cantaban y se divertían. Me senté en el cordón de la vereda de enfrente y me puse a inflar globos, como había hecho a lo largo de todo mi viaje. No terminaban de aparecer manitos pidiendo un globo para jugar. Les fui entregando uno a cada uno y hasta los pequeños vecinos de la otra cuadra, llegaron en la búsqueda de uno. Había visto a varios niños jugando con preservativos inflados a modo de globo, ya que comprar globos es algo caro para los cubanos, mientras que los preservativos son de distribución gratuita.

DSC08345 (Custom)Los invité a que me regalen a cambio, nuevamente el trencito que estaban haciendo cuando yo llegué, pero lamenté haberles quitado la inspiración y ocuparles sus manos, ya que no volvieron a hacerlo con el mismo entusiasmo con el que lo venían haciendo hasta la aparición de los globos. Un hombre que pasó mientras yo los filmaba, me reclamó que les diera algún dólar a cambio ya que les estaba “tirando” fotos (como dicen los cubanos a tomar fotografías).

 

 

Todos mis días en La Habana tenían un sabor diferente y fui disfrutando, reflexionando y conociendo un poco más de la capital cubana.

Por Damian
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